Tardes de Cine

Ficciones, Mentiras e Ilusiones Ópticas de la Vida Real

26.10.06

Cazuela

Ayer estuve en una sala de montaje hasta como las 11 de la noche y hoy tengo la cabeza medio bamboleada. Justo me toca hacer clases, esta vez supervisando el guión de los alumnos de último año que preparan su tesis. Voy a ir almorzar a Don Pepe. Una buena cazuela me pondrá a tono. Además con este día tan apagado cuando ya nos habíamos ilusionado con la primavera cualquiera paga con su estado de ánimo. Vayan a ver "El Cuerpo y la Sangre" mañana.

25.10.06

Cuerpo

Feliz día del cine a todos. Era ayer, pero más vale tarde que nunca. No sé si es en el marco de las celebraciones ad-hoc o simple casualidad, pero este viernes se estrena en la Cineteca la versión restaurada de "El Cuerpo y la Sangre" de Rafael Sánchez, que debiera ser un imperdible. Hasta donde sé es la única peli de ficción de Sánchez, quien escribió además un famoso libro acerca del montaje cinematográfico. En la universidad fui compañero de Marcela Sánchez, hija de Rafael (por si acaso, la tuvo de viejo cuando dejó de ser cura y se casó).

20.10.06

Corporativo

Ayer, antes de ir al cumpleaños de Seba Muñoz en un local llamado Las Ruinas de Machu Picchu, asistí a una cena en la Casa Vieja en que se celebraba el aniversario de la universidad en que hago clases. Fue divertido. Se sortearon bolsas de regalos, hubo discursos de la vicerrectora de la universidad en que recordó la historia de la organización (en el cual reveló que la sede en que hago clases fue antes de eso una clínica psiquiátrica), se entregó premios a los que cantabas canciones sorpresa en el karaoke o contaban chistes o llegaban a la tarima con 4 pares de zapatos. Después de la cena que estuvo bien rica, los profes y las profes pasaron a la pista de baile, bola de espejos incluida, donde se danzaba ritmos caribeños. Los que conozcan el guión de "Ilusiones Ópticas" entenderán el deja vu, ya que la peli comienza con una escena muy parecida.
Antes de las 12 agarré mi pack de obsequios: un reloj y unos bombones, me despedí de la mesa de los profes de cine y enfilé rumbo al centro dejando atrás los globos plateados y la algarabía universitaria.

18.10.06

Ich hab mein Herz in Heidelberg verloren


La situación es más o menos esta: tenía 19 años y con la ansiedad de aún-teenager estaba engrupido con la idea de ser un intelectual. Estudiaba sociología, tomaba cursos en filosofía, estética, economía y ciencias políticas y en paralelo militaba como escritor irregular de cuentos más o menos abstractos. Precoz como venía conseguí una beca para irme a estudiar a la universidad de Heidelberg, una de las más tradicionales de Alemania, cuya escuela de sociología se apegaba a la rigurosa especulación académica tan alemana más que al trabajo empírico. En el mundo en que vivía, era algo como el sueño del pibe.
Llegué a Heidelberg un mes antes del inicio de las clases. Sin mucho que hacer, mientras me preparaba para empezar el semestre fui mucho al cine, al Gloria, a Karlstor y a unas proyecciones de los estudiantes de ciencias en Nuenheimer Feld que duró todo el año y que en celebración de los 100 años del cine hacía un recorrido por los imperdibles. Mi cultura cinéfila hasta ese momento se restringía a los clásicos que podía ver en el Normandie, lo que había visto en el curso de cine de Cecereu en la Católica y la cartelera de estrenos. Video no tenía (tampoco tele).
Estaba empezando recién las clases con monumentos andantes de la sociología y la filosofía como Schluchter, Bubner, Uta Gehrhardt (Gadamer ya no daba clases, pero hablé con él a la salida del seminario de Bubner sobre Kant), cuando la ciudad empezó a estar tapizada de afiches del festival de cine de Mannheim-Heidelberg de ese año. Los estudiantes de la universidad teníamos algo así como un 80% de descuento en el pase para todo el festival, así que me compré uno y en 10 días vi unas 50 películas entre cortos, largos y documentales. Hasta ese momento ni siquiera me imaginaba que existieran películas como las que vi. Recuerdo "Mod Fuck Explosion" de Jon Moritsugu, "06" de Theo van Gogh, "Me dicen Yovo" un documental de un peruano que se llamaba Juan Ramírez, "Nico Icon", un docu sobre la chica de los Velvet, una peli belga que no recuerdo ni el título ni el director, pero que mostraba a un tipo que volvía a visitar a su familia en la tierra después de suicidarse, un documental de Burkina Faso, una peli gringa en video de un director de 17 años, "Land Unter", un corto alemán en blanco y negro que me alucinó, una peli alemana de una chica que odiaba a su hermana, cuya directora explicó que no era autobiográfica, "Chungking Express" de Wong Kar Wai, una peli italiana de un tipo que trabajaba midiendo el consumo de gas, "El per qué del tot plegat" de Ventura Pons, en fin, pelis cubanas, tailandesas, búlgaras, neozelandesas, egipcias, austríacas. Fueron muchas horas de ver películas que no tenían nada mucho que ver con lo que había entendido por cine hasta ese momento, que me dejaron aturdido durante semanas.
Al final de esa maratón, recuerdo caminar por Heidelberg pensando: qué chucha hago estudiando sociología, que era una pregunta difícil porque la sociología me apasionaba. Lo más remecedor en todo caso, fue sentir que yo mismo era capaz de hacer pelis como las que había visto. Así es que caliente como me dejó el festival, me uní a un amigo húngaro que estudiaba literatura, nos conseguimos una cámara super vhs en la universidad. El encargado nos enseñó a usarla en 25 minutos. Cuando volvimos de grabar "Gibs Auf", mi primer corto, nos enseñó a editar en otros 25 minutos. Y en 3 días lo terminamos: 3 minutos en blanco y negro. Igual pasaron hartos años más hasta que abandoné la sociología y me tiré a la piscina como cineasta.
Como sea, éste ha sido un rodeo largo para decir que es emocionante que mi corto "XX", 10 minutos en blanco y negro, esté en la competencia oficial del festival de Mannheim-Heidelberg y lo den en todos esos cines donde pasé encerrado una semana viendo pelis hace 11 años: el Gloria, Gloriette, Karlstor, Uni-Zelt, en fin. El Gloria tenía una boletera vieja, muy flaca y malas pulgas con las que uno siempre se topaba en el super y en la cafetería o en cualquier calle de Heidelberg porque es una ciudad enana. Me pregunto si todavía seguirá ahí.

15.10.06

Padres

Este fin de semana vi dos obras que más o menos rondan el mismo tema y en las dos actuaba Luis Gnecco: "Padre Nuestro" de Rodrigo Sepúlveda y "Padre" de Rodrigo Pérez. Mis expectativas respecto de "Padre Nuestro" no eran muy altas. Los comentarios recibidos eran más bien tibios, poco favorables, sin ser derechamente negativos. Al final de la función entendí por qué. Algunas cosas de la peli me irritaron, como el bailoteo de Vadell sobre los bancos de la estación de tren (en general cada vez que Vadell se ponía marchoso) o la escena emotiva del restorán o el puticlub. Sentí que la artesanía con que se trabajó aquí es más bien gruesa, sin terminaciones finas, con una puesta en escena floja y bastante sensiblería sobre todo en la música. Encontré que si bien la peli no tenía cosas imperdonables como otras pelis chilenas que nos ha tocado ver este año, peca en su falta de personalidad y en que en términos estéticos parece hecha hace 40 años o por un director mayor de 70, alguien de le generación de Vadell (con todo respeto a los viejos que siguen haciendo cine en una tecla más contemporánea). Sin ánimo de ofender, me aburrí y me dio lo mismo todo.
Salí mucho más tocado de la sala de teatro de la Universidad Mayor hace un par de horas, donde vi "Padre" de Rodrigo Pérez. No muy a menudo me ocurre eso a la salida del teatro: generalmente cuando una obra me engancha es por un lado más intelectual o plástico. Siempre he sentido que si el cine lleva ventaja en las emociones, el teatro lleva ventaja en las ideas o en conceptos más complejos. Al menos eso me ocurre como espectador. Aquí entré por donde "Padre Nuestro" fue una muralla para mí, por la guata. No soy capaz de relatar la obra como un cuento, pero si puedo decir que en esta especie de sala de espera donde convergían varios hijos y un solo papá, en más de una ocasión se me puso la carne de pollo. Y en varios momentos me indentifiqué con el texto. Algo había ahí que era verdadero.
Lástima que no vi las otras dos partes de la trilogía. Tal vez en enero.

9.10.06

Celebraciones

Mis últimos dos días en Madrid no tuve gran cosa que hacer, por lo que me dediqué a caminar, leer, escuchar música mientras leía y caminaba, en fin, tomar aire. Partí rumbo al Reina Sofía, pero en lugar de meterme al museo deambulé por las galerías aledañas hasta dar con una exposición que me gustó mucho de dos jóvenes artistas chinas, modernas y pop, pero ñoñas a la vez. Me encantó una colección de secuencias fotográficas, cada una de unas 4 o 5 fotos, muy cotidianas, pero estilizadas, que te permitían echar un vistazo a una China actual tan lejana de los estereotipos habituales como lejana es esta ciudad del Macondo for export. Nostálgico y muy contemporáneo el rollo, sin romper esquemas formales. Me gustó especialmente una secuencia de un gato en la ventana de un edificio altísimo, con una puesta de sol muy amarilla en el fondo encandilando al felino. Luego di vueltas sin rumbo, terminé de leer "Alta Fidelidad" en el Café San Ginés entre churros y chocolate, seguido de té por dos para ganar tiempo.
De regreso a Chile, Air Madrid casi destruye mi paciencia con 6 horas de espera en el aeropuerto, aniquilando todas las ventajas del vuelo directo. Por suerte esta vez no hubo caracoquesos en el menú, aunque la oferta no mejoró demasiado su nivel. Al menos vi "El Diablo viste Prada" y lo pasé bien, compensando en algo las demoras.
Pero mi llegada a Santiago ha coincidido con tiempo de celebraciones: el sábado fue el primer cumpleaños de los mellizos Waissbluth, que están guapísimos y cantan cumpleaños feliz con polerita aspiracional de Harvard y ayer domingo fue el aniversario de matrimonio número 35 de mis viejos, lo que incluyó almuerzo exquisito en el Café Turri.
Hay que seguir la tónica en días venideros. Estas bienvenidas parecen un buen síntoma.

5.10.06

Buscando a Wally en Biarritz

Aquí estamos todos los premiados sobre el escenario del Teatro Atalaya de Biarritz.


Voy a tratar de nombrarlos a todos de izquierda a derecha: Miguel Littin, mirando para el otro lado, un mexicano que no me acuerdo el nombre haciendo una pistolita con la mano ganó el premio de los proyectos en desarrollo, el señor de lentes era del jurado creo, el pelado con polera gris era un documentalista no sé de dónde, yo mismo con actitud solemne, Esmir Filho de Brasil a mi lado fue el ganador de la competencia de cortos, la petaca de negro primera vez que reparo en ella, Luppi viejo cool le daría un rol de asesino en serie a sangre fría, el que no aprendió la lección de los ingleses (a gentleman never wears brown) es Jorge Durán de "prohibido prohibir", peli brasileña ganadora del premio principal, el de polera negra es acuatoriano y tampoco recuerdo su nombre, junto a él Yuri no sé cuanto, un colombiano salsero residente en Francia y famosillo que estaba en el jurado, la presidenta del jurado vehemente y buena para discursear, Rulfo el documentalista (qué fuerte llevar un apellido así muchachos) y un tipo de la organización que nunca entendí si era el director del festival o qué carajo.
Pude haber chequeado la lista oficial de ganadores y deducir los nombres de todos, pero como se supone que esto es una bitácora personal, personal queda. Los interesados siempre pueden ir a la página oficial del festival y tratar de llenar los hoyos en mi lista contrastando con el palmarés, como quien busca las 7 diferencias o se juega un sudoku. Soluciones en el próximo número.

3.10.06

Gris

Acabo de estar en una ronda de bares por Madrid con Franz y Álvaro Pastor, un director que conocí el año pasado en el Festival de Cortos de Toronto. El último bar al que fuimos se llamaba Gris y justo estaban proyectando "El Nombre de la Rosa" sin audio, la clásica imagen de fondo de bar. Así que pude ver a una jovencita Valentina Vargas en acción. Qué linda era. Sigue siendo una mujer muy guapa y estoy seguro que en "Ilusiones Ópticas" lo hará genial.
Es increíble como en esta ciudad tanta gente anda de juerga todos los días de la semana hasta altas horas de la noche. El ruido que llega hasta la ventana mientras escribo esto es de puta madre.

1.10.06

Tradicional

Esta mañana o mejor dicho este mediodía, bajé desde mi hotel rumbo a la playa y frente al casino de Biarritz había un montón de gente de todas las edades bailando bailes tradicionales. Fue linda la escena.
El día estaba precioso y sobre la arena muchos cuerpos desparramados tomaban sol, aunque nadie se bañaba porque había banderita roja y los franceses son respetuosos de sus leyes. Nos paseamos con Franz por unos riscos que salen en "El Rayo Verde" de Rohmer. Familias y turistas se paseaban bajo el sol, mientras la espuma saltaba desde el mar por encima de los malecones refrescando al público. Es un set Biarritz. Durante las noches la perfección de sus acantilados la iluminan estratégicos focos, pero de día uno no pierde ese feeling de una escenografía perfecta para tomar fotos de vacaciones de alto impacto. Ligero y estival.
Con esa misma ligereza, más el calor, más la modorra post carrete de la noche anterior, más el gustito del último almuerzo en café O, donde almorzamos cada día frente al mar, me dirigí a la ceremonia de premiación del festival. En en el cine deben haber habido unas mil personas. Apenas partió la cosa se anunció el premio Cinecourts al Mejor Cortometraje. Se dijo que el año pasado el ganador había sido "El Tesoro de los Caracoles", que fue descrito como una farsa acerca de la bestialidad y la inocencia (según pude entender del original en francés) y que este año el ganador era una comedia urbana en blanco y negro sobre la paternidad. A esas alturas ya entendí que habíamos ganado con "XX". Subí a recibir el premio y en el camino olvidé qué decir, si es que hablar en francés o en español, por lo que de pronto enfrentado a este teatro gigante atestado de ojos, micrófono en mano, lo único que atiné a modular fue: merci beaucoup.
Otros ganadores fueron Juan Carlos Rulfo con su documental "En el Hoyo" y Jorge Durán con "Proibido proibir", que ganó el premio principal. El premio principal de cortometrajes lo ganó un corto brasilero que había estado en Cannes y que tenía buenísima atmósfera. Littin se mandó un discurso medio latero que sacó aplausos miles del respetable. Luppi se paseó como un gentleman sin decir palabra. Rulfo echaba la talla, igual que el resto de la semana.
Y así, como llegué me fui rajado a la salida de la premiación directo al hotel a buscar mis cosas y de ahí a Irún en auto, donde me embarqué en tren a Madrid, desde donde escribo este post. Linda forma de terminar una semana de cine-balneario. Ir a Biarritz creo que se va a convertir en una tradición.
 
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