Tardes de Cine

Ficciones, Mentiras e Ilusiones Ópticas de la Vida Real

13.12.05

Postales

Ayer fue el lanzamiento de "Postales", el primer libro de Larissa Contreras, editado por Cuarto Propio. A Larissa la conocí en 1997 cuando ingresé al taller de narrativa de la Biblioteca Nacional que dirigía Carlos Cerda. Estuvimos dos años en ese taller junto a otros narradores jóvenes (o que aún calificaban por jóvenes). Entre otros estaban Nona Fernández (que escribía historias de mujeres con doppelgängers y estados mentales limítrofes), Franz Ruz (que aún buscaba su identidad y oscilaba entre señoras ABC1 aburridas y ensayos inventados sobre personajes heroicos), Ignacio Álvarez (que escribía una novela sobre un tipo que buscaba en las ruinas el cuerpo de una momia), Alex Peraita (que escribía unos cuentos sobre oficinistas que eran ácidos y maravillosos), nuestro amigo K (que escribía historias mínimas, lacónicas sobre tipos heridos por la vida), Marco Fajardo (que escribía sobre sí mismo y por medio de cartas) y Paola Dueville (que escribía una novela tristísima sobre un vendedor de Falabella, gay, cuya pareja enfermaba de sida y poco a poco se acercaba a la muerte). Yo por ese entonces estaba cautivado por los relatos abstractos y recuerdo peleas con Daniela Huneeus (de cuyos cuentos sólo recuerdo uno sobre un tipo que estaba en la tina y se iba por el desagüe) acerca de las situaciones en que un cuento justificaba que uno mencionara un lugar geográfico real. Hasta ese momento yo no entendía que los relatos debían estar vivos.
En fin, Carlos Cerda, nuestro maestro, no era un tipo brillante. En muchas ocasiones era latero, sentimentaloide, tenía mala memoria y era literariamente un conservador. Sin embargo, logró mantener con vida este grupo durante dos años y tenía raptos de lucidez en que nos dijo cosas maravillosas en esos salones increíbles de la Biblioteca Nacional (si no me equivoco sesionábamos en el Salón Investigadores). Por sobre todo, amaba la literatura y eso se notaba. Y escribía buenos textos. "Morir en Berlín" me parece que es una novela que respira. Siempre he pensado que Cerda es un Ariel Dorfman al revés. Cerda sin ser una luminaria, se despachó un par de novelas notables. Dorfman, en cambio, es un tipo que desborda inteligencia y ha sido capaz de convertirse en un star literario, pero sus textos dan pena.
Recuerdo el día de la muerte de Cerda. Estábamos con Franz en Madrid y nos enteramos al leer los diarios chilenos en internet. Luego procedimos a un bar y un réquiem etílico que duró varias horas. Anoche Larissa Contreras evocó el día de la muerte de Cerda durante la presentación de su libro. Cuatro días antes, ella le había mostrado el último cuento que terminó por entrar al libro y Cerda, además de comentarlo y elogiarlo, le dio la clave que unía los textos en un solo volumen: los sueños de mujeres de clase media. Ése fue uno de los raptos de lucidez de Cerda, porque al recordar los cuentos de Larissa justamente se me vienen a la mente imágenes que hablan de eso: una chica que le arrebata la máquina a un maestro y en plena Alameda taladrea el asfalto posesionada de un rol de dentista de las calles, otra que viaje en una micro llena y pincha entre los sobajeos.
Fue bueno haber estado ahí y tener un ejemplar de ese libro que en 1997 se estaba incubando y ocho años después ya es libro.
Increíblemente y aunque a Larissa ya no la veo casi nunca, fue bueno sentirme un poco parte de esa historia y recordar esos días en que soñaba con escribir novelas más que con hacer películas. Me dieron ganas de saber de los otros chicos del taller y si no verlos, al menos leer sus textos o si ya no escriben, saber qué hacen. Algo como una postal de otra época. Fugaz. Igual que la invitación, una postal claro, que recibí en mi oficina dos horas antes del evento. Por lo menos no ocurrió como otras veces en que las invitaciones llegan al día siguiente.

3 Comentarios:

  • At 2:40 AM, Blogger El señor K. said…

    Tanto tiempo ha pasado, eh.
    Como que uno no se da cuenta, como que a veces el pasado más que un recuerdo es una postal, una imagen inmóvil, una tonalidad sepia grabada en el cerebro.
    Buen tipo, Cerda. Escritor tardío, le decían, por haber publicado su primera novela como a los treinta y cinco años. Y lúcido, a veces, viendo invisibles cartas que pasaban bajo los mesones de la Sala Investigadores de la Biblioteca Nacional, los martes entre siete y nueve de la tarde.
    ¿Recuerdas esa vez que tomamos ron, uno que había traido Nona de Cuba?¿O la máquina Xerox que era una maravilla fabricando libros en la mitad de la Feria del Libro del 98?
    Uff.
    Nostalgia, que le dicen.
    Nos vemos.

     
  • At 11:23 AM, Anonymous paola dueville said…

    Hola, soy la Paola, he estado de ermitaña y escribiendo los últimos cuatro años. Puse mi nombre y apareció tu blog. Estuve editando unas cosas en digital pero ahora lo haré en papel. Te acuerdas cuando sacamos el solitario completo? en el depa de no sé quien, a unas cuadras de Pedro de Valdivia. Nunca más lo he vuelto a resolver. Como ha sido lo de la experiencia del cine. Yo hace ene que no voy al cine. Ni siquiera he visto Tierra del Fuego. Era en esa película en la que ibas a colaborar cuando tenías una novia sicóloga que usaba zapatillas y cargaba una mochila, con la que se perdían por las calles, mirando la arquitectura de esas casas cerca del normandie en que las murallas se caían a pedazos.
    Un abrazo,nos vemos,Pao.

     
  • At 12:42 PM, Anonymous Anonymous said…

    porfin supe algo de ti amiga....te extraño a ratos pero mi fe es enorme en que estas muy bien disfrutando de tu libertad y en lo tuyo.
    un abrazote riko como los que nos dabamos.
    saludos siempre a carlitos, slap, indio, mont blanc y los demas.
    ceci.

     

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