Tardes de Cine

Ficciones, Mentiras e Ilusiones Ópticas de la Vida Real

10.1.06

Idiota

Alguien protestó porque dejé a medio contar la historia de Russell o Rosa, el canadiense que conocí en Ecuador hace dos veranos. Pues bien, a pesar de que prometió llegar el día 1 en la mañana, sorpresivamente en todo el día no tuve noticias de él. Al día siguiente fui a mi casa a almorzar y para mi sorpresa me encontré con una nota del sujeto en cuestión bajo la puerta. Decía más o menos esto: "Querido Cristián: espero que no hayas ido a buscarme al aeropuerto, porque perdí mi avión y recién llegué hoy. Me estoy quedando en el no tan lindo hotel San Martín. Llámame (aquí venía el número). Ojalá hayas recibido mi mail. Tu amigo, Rosa."
Llamé al susodicho de inmediato. No estaba. Le dejé recado en el hotel. Un par de horas después me llamó a mi celu. Justo ese día tenía invitados a mi casa a dos cineastas, un norteamericano que vive en Canadá y un chileno que vive en Francia. Iban a traer un corto cada uno para mostrar y yo les iba a mostrar lo mío. Invité a Rosa. Llamó más tarde que estaba cansado que habláramos al otro día.
Día siguiente: figuraba yo caminando hacia mi casa para almorzar, cuando me llama Russell a mi celu. Me cuenta que justo anda en el sector de Pedro de Valdivia con Providencia. Sorprendido, le digo que almorcemos juntos. Antes de verlo, pasé por mi casa a dejar unas cosas y sorpresa: el conserje me explica que pasó por allí un chico y dejó su mochila y un saco de dormir. Clarísimo.
Estuvimos charlando. Le di algunas indicaciones y quedamos de vernos en la noche. Para no seguir con la juguarreta le dije que no había problema de quedarse en mi casa. Me dijo que era sólo una noche.
Cuando nos juntamos en la tarde, fuimos por un helado al emporio La Rosa. Ahí empezaron los problemas: Rosa empezó a decir que Santiago le encantaba porque no había negros. Me preguntó si había mucha criminalidad y le dije que no. Viste, espetó, no hay negros. Esa conversación terminó mal. Lo peor es que el tipo se autodefinía como liberal, poco menos que de izquierda. Dimos unas vueltas. Fuimos a Plaza de Armas. Le encantó esa escultura horrible de un mapuche desfigurado. Me dijo que posara, le dije que me daba lata. Me preguntó si pensaba que la gente iba a creer que éramos gay. Me dio risa. En fin. Lo llevé al bar Unión. Le inventé un montón de historias con cada edificios. Historias estúpidas, inverosímiles, pero por su cara, se las creyó todas. En la noche un intento fallido de teatro a mil y luego sushi.
En la noche Rosa me dice que le gustó Santiago y se quiere quedar un día más. Cuando le dije que al otro día iría a ver a Nutria en el Living, quiso sumarse. >Llegado el momento sacó sus mejores pilchas. Esto quería decir: una jardinera de bluyín y una polera naranja, además de una afeitada al ras. Me acordé del Tío Jessee de los Dukes de Hazard, pero en joven. Me preguntó si esa ropa se usaba en Chile. Le dije que no. Me ofreció mandarme una jardinera de Canadá. El tipo ya me estaba cayendo bien otra vez. Esto sin contar que andaba con un saco de guantes de bésibol para regarlarle a los niños chilenos sin recursos. Le expliqué que en Chile los niños no juegan béisbol. ¿Por qué no juegan?, dijo en voz alta, la pregunta era retórica: porque no tienen guantes de béisbol. No hubo como discutir.
En el recital de Nutria mi hesped alucinó. Agradecido, no paró de comprarme chelas. Me dijo que Chile era un país increíble, porque tenía una clase media enorme, no como Canadá. Abrí las pepas sin saber qué decir, pero le ofrecí llevarlo a una población por si necesitaba esa experiencia. ¿Shanty Town?, preguntó. Asentí. Se río, creyendo que ironizaba.
Estos tipos primermundistas son increíbles. Y eso que este buey ha viajado por todo el mundo. Una vez al año se manda un viaje de 6 semanas. Creo que nada lo describe mejor que la forma en que pateó a su última polola.
La señorita en cuestión era una chica polaca, con estudios universitarios, degradada en Canadá a chica de la limpieza. Según Rosa, muy trabajadora, linda, honesta, nunca le dio problemas. A menudo, incluso, tenía gestos notables con él. Si vitrineando él le decía, qué linda camisa, tres días después la camisa aparecía sobre su cama con una nota simpática. El rollo de todo esto es que Rosa empezó muy pronto a aburrirse de la chica, pero nunca encontraba ninguna excusa para patearla. Una vez incluso soñó que la pateaba. Ella le decía que desde un principio siempre pensó que él era un idiota y él en el sueño la pateaba. Pues bien, llegó el verano, partió Rosa, su novia y unos amigos a acampar junto a un lago. La novia de Rosa estaba de malas, porque Rosa iría a uno de sus viajes y una vez más rehusaba llevarla con la chiva de que viajar solo es su estilo de viajar. La cosa es que la chica de Polonia perdió la paciencia y reaccionó en forma bizarra: le dio por empelotarse. Se levantaba y salía a caminar por el camping en cueros. Parece que era tetona y los niños la miraban lascivos. Los amigos de Rosa estaban incómodos. Esta chica consiguió, como se dice, sacarle los choros del canasto a Rosa, quién seguramente de mala manera, le pidió que se vista y deje de huevear. En ese momento, ella pronunció las palabras fatales: "qué idiota eres". Rosa la mira. Le brillan los ojos. Recuerda el sueño y siente que de pronto, toda su vida cobra sentido y es algo trascendente de verdad lo que está ocurriendo. El destino habla por él y le dice a la chica polaca: "nadie me dice idiota". Hasta ahí llegó todo para Miss Polonia.
Qué idiotez.

3 Comentarios:

  • At 12:23 PM, Blogger Malayo said…

    Oye Crisis puta que erís buena persona. Ándate a Polonia para ir a verte.

     
  • At 2:03 PM, Anonymous una señora said…

    Después del silecio y un poco de lata e inconstancia, el señor en crisis ha vuelto a convertirse en un problema para mi matrimonio.

     
  • At 3:23 PM, Blogger Mitch Gómez said…

    Buenísimo. El único error fue no haberle dicho a Rosa que se quedara con el profesor de Castellano.

     

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