Tardes de Cine

Ficciones, Mentiras e Ilusiones Ópticas de la Vida Real

27.3.07

Medianoche (casi)

La lluvia de hoy no me afectó gran cosa, ya que al Transantiago recurro apenas en mis actividades extraprogramáticas y algún movimiento irregular (mi casa y mi oficina quedan muy cerca). Tuve el gusto de charlar con Nacho Agüero en mi oficina un rato cuando pasó a firmar el contrato que nos permite distribuir su gran corto "Como me da la gana" de 1985. Le pregunté como había sido su experiencia filmando con Ruiz. En este caso filmando quiere decir filmando como actor y es un tema que me preocupa ya que acepté estar en un videoclip y por supuesto desde el momento en que acepté (en una fiesta) hasta ahora, cada vez me da más susto la idea y me cambian el guión y ya no es cierto que no habrá actores profesionales, en fin. Contó que básicamente Ruiz se encarga de que el set sea divertido y hace casi todo a la primera. Notable. Pese a los tiempos digitales que corren, soy de los que se oponen a la política de disparar cintas y cintas, porque no cuestan mucho, para después provocarle un infarto al montajista cuando te ve llegar con el material para que lo revise. Siempre he tenido la impresión de que el mismo Nacho Agüero es de los que filma poco y aproveché de preguntárselo. Me dijo que sí, pero que no era por ahorrar.
Una de las cosas nuevas que han ocurrido esta semana (aparte de que retomé mis clases en la Universidad Tecnológica), es que volví a ir al gimnasio. Me cambié del Hotel Neruda, que subió el precio y recortó los horarios. Y me inscribí en el Club Spa Providencia. Mucho mejor. Lo malo fue que casi naufragué intentando completar 1000 metros en la piscina. Lo divertido fue que al otro lado del cristal, ni más ni menos que el Chino Ríos estaba jugando. Al principio cuando lo vi pensé: pobre huevón, se viste y se corta el pelo igual que el Chino Ríos. No pues, era el mismísimo.
Volví a ver Melinda y Melinda en DVD. Me gusta esa peli. También recordé mis 12 años en la tocata de los Pet Shop Boys y ahora mismo hago hora esperando que mis amigos Luna y Adrian retornen hacia los barrios civilizados (anda en La Dehesa o por ahí), para tomarnos una copa y despedirla antes de su regreso a Camberwell Grove, la calle donde hasta hace 4 años solíamos ser vecinos. Espero que consigamos empezar la velada antes de la medianoche.

19.3.07

Calamar

Este fin de semana, que incluyó celebración de Saint Patrick's, vi tres pelis: Borat, Notes on a Scandal y The Squid and the Whale.
Borat de alguna manera me pilló con demasiado sobreaviso. Me hubiese gustado haberlo visto un poco más en frío. Ya había visto trailer y clips en youtube, además de toda la cobertura de prensa y en blogs. La onda es muy Ali G (personaje del mismo Sacha Baron Cohen), hasta con una rutina copiada de un programa que me tocó ver hace 5 años en la tele en Inglaterra (el episodio de la clases de etiqueta y la ida al baño en medio de la cena). Borat funciona la raja por lo poco despiertos que son los gringos y porque además les encanta salir en la tele y están dispuestos a todo con tal de seguir la corriente frente a una cámara. Sin duda, el final con Pamela Anderson es ficción pura, pero casi todo el resto parece ser un registro de la intervención del personaje sobre gringos reales. Con todo lo que me reí, siento que no valió mucho la pena ver la peli en el cine, era un poco como ver tele en pantalla grande y hasta verla en el compu habría sido más o menos la misma experiencia. Además de carecer de ambiciones cinematográficas, su irreverencia es la típica irreverencia de TV inglesa. Seguramente la única razón para hacer de Borat una peli con distribución en sala es que así se maximizaba el biznes detrás, dándole un eco global imposible de lograr sólo con la tele, que cuando es global suele ser mucho menos audaz, ya que debe contar con el beneplácito de las marcas que en casi todo el mundo financian a los canales.
Notes on a Scandal (Escándalo) y The Squid and the Whale (en español, El Calamar y la Ballena, aunque le pusieron Historias de Familia) las vi una tras otra. La primera en el Hoyts la Reina y la segunda en la casa en DVD gentileza de Bazuca al Cubo (adevertencia: spoiler).
Escándalo se interna en una triángulo (o cudrado) emocional al interior de una escuela: profesora vieja solterona (Judi Dench) manipula a profesora joven guapa (Cate Blanchett) al descubrirla teniendo un romance con un alumno de 15 años (un crimen que se paga con cárcel en Inglaterra). El deseo de sentirse vivo seduciendo a una persona más joven se multiplica, ya que no sólo profesora vieja desea a profesora joven, sino que además el marido de profesora joven es mucho mayor que ella y fue su profesor, seduciéndola cuando ella tenía 20 años, o sea, un par de años por encima de la edad legal. Todos de alguna manera, salvo el joven estudiante, comparten el impulso de chupar sangre nueva. La peli funciona en su descripción de la obsesión de profesora vieja y la alienación de profesora joven, una Blanchett que pocas veces se vio tan guapa y especial. Odié la voz en off y la puesta en escena era básicamente estándar casi televisivo. Las actuaciones: sobresalientes. Pero después me fui a la casa, vi otra peli y Escándalo se me olvidó por completo.
Hoy todo el día he estado pensado en The Squid..., cuyo director Noah Baumbach fue co-guionista de Vida Acuática. Una historia que parte cuando a dos hermanos sus padres los citan en el living para darles la mala noticia: se separan. Esta catástrofe repercute en los niños, uno quinceañero, reprimido y pedante con ambiciones intelectuales al cual sus padres apodan Chicken (gallina), y uno que anda por los 12, emotivo y erotizado, que básicamente quiere ser profesor de tenis y al cual los padres apodan Pickle (ídem, aunque con su qué: en inglés pickle también es un despelote, o sea, we're in a pickle equivale a we're in a mess). El aroma a autobiografía se siente desde el primer minuto de película y el making of lo confirma. Al papá, un tipo competitivo y snob a morir, escritor ex exitoso, daban ganas de pegarle. Ella (Laura Linney), aunque confundidísima es una personaje que uno puede querer y sentir que opera desde una agresividad más controlada y más conectada con sus hijos (al menos no compite con ellos). La peli está hecha con precisión, los niños están sólidos y la puesta en escena consigue meterte en un rollo ochentero. Lo que menos me gustó: el título.
Ya no escribo más, porque me están retando que el post ya está muy largo.

16.3.07

Flashes

No es fácil volver a la rutina de Santiago después de dos semanas en Brasil, pero como dijo una amiga ayer lo comido y lo bailado no lo quita nadie. En general, se supone que los viajes son material inmejorable para un blog, pero en este caso, tuve tan poco acceso a compu y tan pocas ganas hasta de responder los mails que derivó en puro silencio y vida vivida en forma inmediata, sin filtros que la conviertan en texto bloguero.
Por de pronto algunos flashes del pasado. Un peluquero que obstinado me hizo un corte de pelo igual al suyo aunque le dije que no quería. Una ráfaga de olas enormes en Copacabana, dejé de topar el suelo y hubo que aperrar con ellas: en ese momento me di cuenta que los tipos que las capeaban al lado mío eran australianos y que los brasileños miraban desde la orilla, aunque salí bien del paso. Una colección de orquídeas increíbles en el jardín botánico en Gavea. Mirar en la borrachera como otros bailan samba, con orquesta en vivo y no atinar a dar dos pasos con algún sentido del ritmo. Bullet Park de John Cheever leído sin parar en dos tardes de playa. En ferry a Niteroi a ver el Museo de Arte Contemporáneo, cuyo contenido era menos espectacular que el edificio. En tranvía rumbo al hotel en Santa Teresa moviéndose como juego de Fantasilandia.
Ventiladores. Arena. Mosaicos. Agua de Coco. Potos parados por doquier. Caipirinha. Aeropuerto. Santiago de Chile.

4.3.07

Volkswagen Paraty

Figuro en un café internet en Paraty, pueblo colonial en la costa de Brasil, a 4 horas en bus de Río (donde pasé un par de días al llegar). Todo bien Río. Caótico, pero súper interesante. Nos quedamos en un hotel barato en Copacabana, al lado de la playa, pero sobrepoblado de pendejitos primermundistas carreteando como enfermos. A la vuelta nos quedaremos en Santa Teresa y desde ahí esperamos lanzarnos a varios panoramas pendientes por falta de pilas.
Acá se dio vuelta la tortilla: el turista promedio en Paraty nos mira a nosotros como pendejitos, ya que en su mayoría son tercera edad o si no segunda edad y con la generación siguiente a cuestas (niños muy chicos). Hicimos un paseo en bote, nos bañamos en agua muy salada, comimos pan con mermelada de guayaba al desayuno y ya se empieza a sentir lo lejos que queda Santiago. Era la idea.
 
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